JOAQUÍN
Y LA MUERTE
Joaquín tenía cinco años.
Había terminado de contarle un cuento antes de dormir. Se
encontraba recostado en su cama, con su pijamita azul, con ambas manos detrás
de la cabeza. El protagonista moría al final, dramáticamente. (Siempre creí que
no había que contar sólo cuentos de finales felices…)
Joaquín se quedó dubitativo, y me preguntó:
-
Papá. Después de ser niños, nos transformamos en
adultos… ¿y después?
-
En ancianos - respondí -
-
¿Y después?
-
Nos morimos, como el guerrero del cuento.
Se quedó pensando unos segundos mirando el techo y me dijo:
-
Yo no quiero crecer nunca, papá.
Pensé que estaría masticando la idea de la muerte… Tal vez
me había apurado a hablar de ese tema por su corta edad… Mi intriga fue total y
le pregunté:
-
¿Por qué no querés crecer?
Y sonriendo, con una mirada pícara, me respondió:
-
Porque ustedes, los adultos, son taaaaan raros….
ja, mortal, esas respuestas son más reflexivas que un libro de filosofía.
ResponderBorrarjaja claro! Son respuestas que uno no espera, pero qué bien vienen!
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