PROYECTO APROBADO

PROYECTO APROBADO

 

Entró a la oficina del delegado con prisa, al cerrar la puerta se le cayeron los papeles al suelo, se agachó a levantarlos y sintió que se le enrojecía el rostro de vergüenza.

—Tranquilícese —le dijo el delegado sonriendo—. Si lo he llamado esta mañana es obvio que su proyecto ha sido aprobado por el Concejo. Experimentaremos con sus nuevas criaturas en un sitio algo distante.

—Por supuesto —respondió aún nervioso—. Solo quiero pedir que no sea demasiado lejos, porque me gustaría viajar de vez en cuando para estudiar sus transformaciones. Así lo hacen la mayoría de los científicos…

            Cuando terminó de utilizar la palabra «científico» sintió nuevamente el rubor en su rostro. Creía que era demasiado título para él. Se consideraba un novato. Sus experimentos anteriores habían terminado en rotundos fracasos, y además era muy joven aún. Pero habían aprobado una de sus ideas extravagantes y eso debería ser un puntapié inicial para una carrera brillante. Unos pocos años de arduo trabajo lo habían llevado a poder diseñar un plan de gran magnitud, con nuevas creaciones que podrían formar asentamientos por sí solos y evolucionar.

Como habrá leído en su cédula de aprobación, deberemos hacer unos cambios menores.

—Sí, señor. Lo leí. No desean que habiten cerca por si desarrollan el deseo de viajar y llegar hasta aquí. Comprendo eso claramente, solo le pedía que…

—Exacto. Es muy temprano para evaluar si serán peligrosos.

—¡Oh, no lo serán, señor delegado! Usted habrá visto que mis cálculos son muy exactos y elaborados. Tal vez peleen entre ellos, pero siempre serán obedientes y manejables.

—¿Podrán alimentarse por sí solos? ¿Usted está seguro de eso?

—¡Claro, señor! Encontré una fórmula para que puedan hacerlo. Además, se multiplicarán sin ningún tipo de intervención nuestra…

—Interesante la idea de que podrán organizarse en grupos. Pero no nos gustó nada eso de que puedan conectarse entre todas las criaturas. Elimine eso, por favor, hay mucho riesgo allí.

—Sí, señor delegado. Ya lo hice. No lo harán en profundidad. Solo podrán comunicarse de algunas pocas maneras, aunque rara vez se pondrán de acuerdo.

—Eso me deja más tranquilo. Imagínese el poder que pueden desarrollar si funcionan como una unidad.

—No lo harán, señor. Me preocupé específicamente para que desarrollen más lo individual que lo colectivo.

—¿Considera que además de razonar como nosotros también tendrán conciencia de su propia finitud?

—¡Estoy convencido de eso, señor! Lo que todavía no logro descifrar es cómo se comportarán con respecto a ello, por eso habrá que hacer un seguimiento.

—¿Y cree usted que podrán sentir realmente? Digo… ¿sentimientos genuinos?

—No tengo la menor duda, señor delegado. Aunque no estoy seguro, creo que eso podrá ser su mayor fortaleza, o su peor debilidad…

—Pues vaya entonces. Tómese una copa y compártalo con sus compañeros de trabajo. Su proyecto ha sido aprobado y esta semana comenzaremos con las obras.

—¡Gracias, señor! ¡Muchas gracias!

 

Salió corriendo de la oficina, muy emocionado. Por primera vez se tenía en cuenta una de sus ideas en el laboratorio mayor. Avanzó apenas un metro cuando escuchó la voz del delegado que le gritó:

—¡Disculpe! ¿Cuál era el nombre que quería ponerle a sus criaturas?

—«Seres humanos» —respondió, asomándose a la puerta—. ¿Qué le parece?

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