Cotidianas... FERMÍN Y EL VOLCÁN


                Fermín tenía cuatro años.

                Nos dirigíamos en auto hacia el centro de la ciudad de Bariloche, y Fermín se sentó en medio del asiento de atrás apoyando sus brazos en los asientos delanteros. Escuchaba atentamente todo lo que conversábamos con mi compañera en el camino.

                En algún momento comentamos algo de la erupción ocurrida tres años antes, el volcán había hecho llover arena toda la noche sobre nuestra casa, y luego cenizas, por varios meses.

                Al rato largo Fermín gritó emocionado, señalando con su dedo índice hacia adelante:

—¡Miren! ¡Ahí está el volcán!

                Nosotros nos quedamos sorprendidos de su reacción, obviamente no había ningún volcán cercano, y le dijimos:

—¿Dónde ves un volcán, Fermín?

                Y señalando la confitería del Cerro Otto que se encuentra en su cumbre nos dijo:

—Ahí. ¿No lo ven? Ahora tiene la tapa puesta.

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