LA CAÍDA DE CONSTANTINOPLA

          LA CAÍDA DE CONSTANTINOPLA

Para mi gran amigo Lopez

Ama tanto la historia que no puedo negarle un bocado

 

                En el Siglo XV Constantinopla era la ciudad estado más grande del imperio romano oriental. Su caída ocurrió el día 29 de mayo de 1453 cuando logró tomarla el sultán Mehmed II.

                Sus poderosas murallas habían rechazado más de veinte intentos de invasión anteriormente. A pesar de creerla inexpugnable, los turcos otomanos lograron la hazaña, luego de sitiarla y hacer varios intentos fallidos de invasión. Como no podían cruzar la gran cadena de hierro que los romanos habían tendido en la entrada del estuario, los turcos llevaron su flota a través de la tierra, cargando sus naves a fuerza de pulmón y logrando entrar al puerto desde el otro lado.

                Quintus Francinius había nacido casualmente un 29 de mayo. Se enroló en el ejército romano muy joven, llegando a ser centurión. Tenía a su cargo ochenta soldados rasos que lo respetaban por su templanza, sus habilidades innatas y su capacidad de mando.

                Poseía tantos méritos de guerra que era respetado por propios y ajenos. Una flecha había lastimado su ojo derecho dejándole una visión muy reducida, sin embargo, su intuición y sus reflejos le granjearon numerosas victorias en las batallas.

                Llevaba el estandarte del águila romana donde fuera necesaria y su carrera militar era respetada ampliamente por sus colegas, su legión era casi invencible.

                Hasta que llegaron los turcos.

                Quintus se encontraba con su centuria custodiando la puerta de San Romano. Allí es donde recibieron la descarga de artillería pesada. Cañones nunca vistos en esos tiempos, de tamaños gigantes destrozaron las piedras de los muros.

                La lucha fue feroz. Las murallas consistían en tres anillos de roca y entre ellos había fosos de entre treinta y setenta metros de profundidad. Con los impactos de los cañones lograban abrir brechas por donde los soldados turcos podían pasar la muralla, pero luego debían cruzar los fosos recogiendo ramas, troncos, toneles y las mismas piedras caídas de los muros. Era la única forma de llegar para pelear cuerpo a cuerpo con los bizantinos.

                Todos los soldados se encontraban cansados, la mano de obra estaba sumamente sobrecargada y los recursos escaseaban en ambos bandos, ya que los turcos impedían que los bizantinos recibieran ayuda desde afuera.

                El centurión romano Quintus se encontraba mal herido, una bala de cañón había destrozado la muralla externa donde él se encontraba disparando flechas a mansalva. Literalmente le explotó el muro en la cara, destrozándolo casi por completo. Apenas veía de un solo ojo y con dificultad. Una horda de otomanos ingresó atropellando todo lo que aparecía en su camino.

                Malherido, bajó por la escalera interna y empuñó su gladius. Luchó ferozmente defendiendo la ciudad de los cristianos. Sabía que la batalla estaba perdida, pero eso jamás fue un motivo para desistir en su vida. Enseguida hubo unas horas de sosiego. Con el fuego griego, los bizantinos habían logrado repeler el feroz ataque de los turcos, pero sabían que no iban a sobrevivir a esa jornada.

                Varios legionarios rodearon a Quintus, ya moribundo, admirados por su gallardía en la pelea. Le acercaron sus armas. Se arrodillaron junto a él.

                —¿Mis dos amigos? Ustedes saben de quienes hablo… ¿dónde están?

                —Los hemos visto en la puerta sur. Uno, ya está muerto; del otro, sabemos que estaba muy mal herido.

                Quintus miró al cielo, sonrió. «Arriba nos vemos, compañeros» Un hilo de sangre corrió desde la comisura de sus labios.  Estaba aliviado, sus tres hijos crecerían y lograrían todo lo que él no pudo hacer. Estaban hace varios días a bordo de un barco camino a Génova, completamente a salvo.

                Murió antes del amanecer abrazado a su espada y su escudo.

                Dicen que volvió a nacer exactamente 514 años después con el nombre de Christian Florencio.



Comentarios

  1. Rossell, solo un pequeña observación, en el hipotético caso que hubiera "arriba" o "abajo", creo que el Quintus de 514 años después y sus amigos, se reencontrarían sin lugar a dudas, "abajo"....
    Genial el texto.. valla mi abrazo a Quintus en sus horas de sosiego.

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    1. Eso es verdad!! jajaaja. Debería decir "nos vemos allá abajo". jajaja

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