CARTA A LA MUERTE

        CARTA A LA MUERTE

Para:  Sra. Muerte

C/C:  Sr. Destino

Asunto: Estoy preparado.

Señora Muerte:

               Sabrá con exactitud el día y hora de nuestro encuentro. Nunca me pareció justo que usted lo sepa y yo no, pero esa no es la razón de esta carta que hoy decido escribir y jamás enviarle. Después de todo, tengo la sensación de que conoce a la perfección cada una de mis palabras.

               De pequeño imaginé que usted era muy hermosa, inigualable. Me permití creer que cuando alguien moría se le daba la posibilidad de volver a la vida, pero nadie lo elegía, ya que se llegaba a un lugar tan bello y perfecto del que no se quería regresar. Suponía que todos preferían quedarse allí a esperar que lleguen sus familiares para volver a encontrarse.

               La educación que recibí no tardó mucho en borrar mis ilusiones infantiles. Me han enseñado a temerle. Fui entrenado para que no haga nada que me haga correr riesgos mortales. Sólo la madurez me mostró que cualquier acto puede llevarme con usted. ¡Hasta el menos pensado!

               Confieso que le he tenido pánico. “Nada hay más natural que el miedo a la muerte”, dicen hoy todos los que me rodean. Sin embargo, he reflexionado largas horas sobre este asunto y he optado por no hacerlo más. ¿Por qué temerle a alguien tan desconocido? Tal vez el miedo sólo nos conduce a vivir erróneamente. Aunque estoy persuadido de que no se puede escapar fácilmente de una sociedad que nos condiciona desde chicos.

               Declaro que también me ha intrigado conocerla. ¿Quién no tuvo una idea suicida alguna vez? Hoy lo considero tan absurdo como incoherente, al fin y al cabo, nos encontraremos con usted indefectiblemente. ¿Para qué entonces apurar el momento?

               Me da vergüenza profunda confesarle que he utilizado el procedimiento más común, el de ignorarla por largos años. La técnica moderna de “hacer de cuenta que usted no existe” alivia momentáneamente las presiones internas. He caído en esa trampa. La usé hasta el hartazgo. Como siempre sucede en estos casos hay un día en que uno abre los ojos y se da cuenta de que está adormecido. Alguien se va para siempre y uno se encuentra parado frente a una pared infranqueable, un muro gigante y desolador. Entonces se pregunta ¿por qué? Y llega el desánimo, la bronca, el dolor. La he culpado a usted, incontables veces, de separarme de mis seres queridos.

               Certifico que ignorarla ha sido el peor de los métodos.

               Con el pasar de la vida comencé a comprimir mi tiempo. Hoy debo agradecerle porque pensar en usted me ha ayudado a crecer. Principalmente me ha confirmado que estoy vivo (y esa era una duda interesante). Si usted no estuviera esperándonos allí, o peor, si no existiera, entonces tampoco existiría la vida, de la cual estoy profundamente enamorado y le saco el jugo diariamente.

               Cuando al fin toque a mi puerta será tan decisivo que no me permitirá ni un sólo remordimiento, no podré pasar en limpio ni un segundo de mi historia. Por lo tanto, disfruto cada día hasta el límite. Nada me apena más que ver deambular tanta gente con su rostro ennegrecido por su sombra. Parecen muertos en vida. Cuando usted llegue ¡quiero que me encuentre vivo!

               Hay quien dice que no quiere sufrir, que prefiere morir durmiendo. Yo, por el contrario, quiero verla llegar y estar bien consciente. Es un momento que no me quiero perder por nada del mundo. Sería imperdonable no darme cuenta de que usted ha llegado. Sé que somos una porción ínfima de tiempo preparándonos para una eternidad.

               Al fin y al cabo, quién sabe, usted no sea más que una simple impostora, y la Muerte sea sólo la curva del camino…

                                                                         ¡Estoy preparado! Aquí la espero

                                                                                                                                           Cordialmente

 

PD:  Escribo con copia al Señor Destino, por la única razón de que jamás he creído en él. Siempre decidí cada paso de mi vida y no acepto que ya esté marcado el sendero. Aunque, tal vez, al llegar a la puerta de salida, me lo encuentre parado junto a usted y mirándome a los ojos se ría a carcajadas de mis pobres convicciones.

Comentarios

  1. Creo que el triste momento por el que estás atravesando te inspiró para escribir este hermoso texto.Abrazos.

    ResponderBorrar
  2. Hermoso. Me encantó. ni que decir. Te felicito

    ResponderBorrar

Publicar un comentario