Me daba miedo tragarme una semilla porque podía crecer una
planta en mi panza.
Mi tío se sacaba el dedo pulgar y se lo volvía a poner.
No debía ponerme bizco mucho tiempo porque un golpe de aire
podía dejarme así para siempre.
Creía que podía retrasar la hora de irme a dormir.
Jamás me tragué un chicle por miedo a que se quede pegado en
mi estómago.
Mi abuela siempre fue vieja.
No debía entrar a la pileta hasta que termine de hacer la
digestión.
Me gustaba atrapar luciérnagas y ponerlas dentro de frascos,
haciendo agujeros en las tapas para que pudieran respirar. No sabía cuánto las lastimaba.
No importaba la cantidad de padres que existían en el mundo, los míos
eran indefectiblemente los mejores.
Pero las dos peores trampas que me ha puesto mi infancia
fueron:
Creer que todos los chicos eran felices como yo
y que la muerte podía posponerse indefinidamente.
uh, qué fuerte, me dejaste sin palabras. Impresionante el viaje
ResponderBorrarSiempre igual!! jaja
Borrarlo de la semilla que crece en la panza me pasó a mí y el final... muy bueno y "Creer que todos lo chicos eran felices como yo" me mató
ResponderBorrarcreo que muchas cosas eran idénticas para muchos de nosotros!
BorrarTal cual!, Cada cosa que nombraste forman parte de ese "manual" de la niñez que tuvimos por lo menos en esa generación 👍🏻
ResponderBorrarSimplemente 👏🏻👏🏻👏🏻
Claro! Tenés razón!
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