EL VALOR DEL DIAMANTE

         EL VALOR DEL DIAMANTE

 

                Suelo mirarme al espejo después de bañarme. Acomodar mi cabello acomoda mis pensamientos. Cuelgo la toalla en su sitio, me gusta que cada cosa tenga su lugar. Limpio unas manchas de jabón en el lavabo. «¿Cuándo fue que las hice?»

                Hoy, particularmente, me preocupan unos vencimientos que no podré abonar. Estoy analizando si pedir otro préstamo. De alguna forma tengo que resolverlo.

                —¿Cuál es el verdadero valor del diamante? —le pregunté al joyero, hace más de veinte años, admirando un anillo de casamiento.

                —¿Cuánto dirías tú que vale ella? —me dijo el viejo negociante.

                Nunca me gustó que me respondieran una pregunta con otra pregunta. Entendí hacia dónde iba la intención del joyero. Pero… ¿cómo relacionar al amor de mi vida con un objeto? Sin embargo, ella insistía que para demostrarle cuánto la amaba tenía que asegurarle que era “para toda la vida”. Y eso leí en el escaparate de la joyería, justo sobre los anillos matrimoniales, un cartel luminoso me dio la respuesta que necesitaba.

                —Ella lo es todo para mí y sueña con un anillo de diamante. No me importa el número, sólo dígame su valor y en cuántas cuotas puedo pagarlo.

                De todos los materiales conocidos por el hombre, los diamantes poseen la mayor dureza. Se forman en condiciones extremas, tanto de temperatura como de presión, en capas muy inferiores de la Tierra. Algunos han salido a la superficie a través de volcanes (de algunos en particular) hace demasiado tiempo. Solo pensar que la formación de un diamante es anterior a los dinosaurios me da una especie de vértigo temporal. ¿Puede ser tan antiguo algo tan bonito?

                Hoy en día hay diamantes sintéticos, hechos en laboratorio, su valor del mercado es tan bajo que se nota la diferencia con uno real. Yo no sé distinguir uno de otro, pero ella sí. Es lo único que importa.

                Nos casamos una noche de verano, cerca del mar. Aprovechamos a vacacionar y a buscar la propiedad donde íbamos a vivir. Sus lágrimas, las del momento en que le entregué el anillo, quedarán grabadas en mi mente hasta mi último suspiro.  Llevaba un diamante poco frecuente, casi incoloro, de forma octogonal, de una pureza perfecta. Pasamos la noche entera caminando de la mano por la playa.

                —¿Eres feliz? —le pregunté en varias oportunidades.

                —¡Hasta el fin de mis días! —respondía. Corría hacia el mar, salpicaba agua hacia todos lados y luego se detenía a mirar el anillo con su mano extendida hacia arriba, en contraste con la luna llena. «Yo soy dichoso si ella lo es».

                Descubrí muy joven el objetivo de mi vida. ¿Qué más puede pretender un hombre que hacer feliz a su mujer? Me preocupaba un poco el precio del anillo. Costaba el equivalente a cuarenta y ocho sueldos míos. «Tendría que trabajar cuatro años sin gastar un centavo solo para pagar un diamante». En seguida eliminaba este pensamiento de mi cabeza. El amor no tiene valor, no tiene precio. «Ella vale eso y mucho más».

                Veinte años pasamos juntos en una casita cerca del mar. El tiempo es más veloz de lo que llegamos a suponer. No puedo creer cómo hemos consumido nuestra vida. Pasamos épocas de mareas altas y otras de mareas bajas. En los momentos más difíciles tuvimos que empeñar algunas de nuestras cosas de valor, pero jamás pensamos, ni siquiera por un segundo, en vender el diamante. Él es el alma de nuestro amor.

                Lo había buscado con tanta tenacidad hasta encontrar el indicado. Lo adquirí con los papeles correspondientes. Quería asegurarme de que no fuera un “diamante de sangre”, es decir, que no proviniera de conflictos armados o de financiaciones terroristas.

                Hoy, particularmente, vence la cuota del anillo. Ya me lo han refinanciado por cuarta vez. El diamante lo sigo pagando y su amor… Bueno, su amor, hace tiempo largo que se acabó.

Comentarios

  1. uh, fuerte. Lo que siempre decimos, "No atarse a los objetos". Muy bueno Dari, megustó

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  2. Darío! Llevaba tiempo sin leerte. Me gusta mucho lo que representa este texto. Pero dime algo, si es el alma del amor de los dos, como pudo acabarse el amor de ella? Yo creo que ese diamante solo era el alma del amor de él.

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    Respuestas
    1. Hola, sale "desconocido", ¿cuál es tu nombre?
      Es una buena pregunta... es tal cual lo cuestionas. El creía que era el alma del amor de los dos, sin embargo, parece que no. ¿Cual será el verdadero valor de las cosas?

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