FRACASO
Atrapado en mi fracaso,
te grito desde lejos,
ya no veo tu sonrisa
relucir.
Enfrentarse es terrible,
como heroico,
como mundano,
como siniestro.
Tus manos de niño sin juegos,
rotas,
desgastadas,
fuera del tiempo.
Lágrimas que no tienen fin.
¡De qué sirven los lamentos!
si la queja es tan débil
que no cabe la esperanza de
seguir…
Atrapado en mi fracaso,
aún no he sido derrotado.
Pero…
¡querer tocar y no poder!
¡querer llorar y no saber!
Asirse es un modo,
creerlo es más importante.
Desatendiendo al olvido
lo olvidé…
Yo te miro tras los vidrios,
ya no brillas, pero vives.
Te da fuerzas, te venera,
te enriquece, te equivoca,
como a todos…
Atrapado en mi fracaso,
fracasando en mis victorias.
Da igual si este sitio fue y
dejó de ser
o nunca existió.
Vida y muerte se
entremezclan,
me susurran de costado,
me recuerdan cómo vivo,
me sugieren
que apenas es durar.
El dolor se encadena.
Nos llama.
Sin estorbos.
No devoro más su néctar,
ya no sufro,
le doy riendas…
Atrapado en mi fracaso,
me alimenta, me condena,
me trastoca, me hace trizas,
me desborda, me entusiasma,
me retuerce,
me intimida,
me acribilla,
me lastima,
me demuestra que es fracaso,
que es mío,
todo mío…
Me llegó profundo, este verso "¡De qué sirven los lamentos! si la queja es tan débil que no cabe la esperanza de seguir…" terrible y esclarecedor. Esa clase de fracasos que te perforan eternamente. ¨Por suerte nuestros fracasos sos más mundanos y simples pero esa decripción con las ropas de la poesía huela a sangre y llanto. Muy fuerte y hermosa
ResponderBorrarGracias! Como siempre lo que decís me queda rebotando en las profundidades.
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