HERMAMIGO
Dicen
que el tiempo corre a gran velocidad. A veces, parece que eso es verdad; sin
embargo, tengo la convicción de que hay momentos que quedan congelados,
suspendidos entre la nada y el destino, y vuelven a nuestras memorias frescos
como un día nuevo por vivir.
Yo
tenía poco más de veinte años. Me encontraba de pie en el borde superior de una
roca que tenía unos ocho metros de altura. Parado allí, con mi arnés colocado, verificaba
la cuerda y los mosquetones. Revisaba cada detalle para descender por esa pared
de piedra. El corazón latía con fuerza, la adrenalina en su punto máximo.
Siempre disfruté de la aventura y de las nuevas sensaciones.
Carlitos
estaba sentado delante de mí, autoasegurado, me miró y me dijo: «Es tu primer
rapel, Rossell, relajate y disfrutalo. Yo no te soltaré jamás, pase lo que pase».
Se ocupaba de darme seguridad en mi aprendizaje con una cuerda auxiliar, especialmente
preparada para ello.
Sus
palabras me tranquilizaron, yo ya conocía su aptitud profesional. No obstante, otras
cosas me llamaron la atención: sus ojos vidriosos, su sonrisa explosiva, su hondo
afán por compartir los detalles de la vida…
Y así
fue.
El
miedo duró un segundo, al inicio —una vez superado ese instante uno comprende
el funcionamiento técnico y lo fácil que resulta—. Confié en todo el sistema y
disfruté el descenso. Fue extremadamente placentero.
Yo miraba para todos lados: el paisaje, las
piedras de mi alrededor, el cielo azul profundo. Los gritos de Carlitos —de
alegría infinita— llegaban desde el aire, desde arriba, rebotaban en el eco de
la cascada seca. Mi felicidad no tenía límites.
Supe con
certeza que él sería mi mentor, mi compañero, mi amigo, mi hermano —o como él
lo definió mejor: un «hermamigo»—.
Lo que
no sabía era que luego de casi treinta años —y después de que la vida
transcurriera con altibajos, tropiezos y caídas— todavía estaría Carlitos
frente a mí; con sus manos sujetando con fuerza, la mirada vidriosa, la sonrisa
explosiva, el afán intacto y diciéndome aún: «Yo no te soltaré jamás, pase lo
que pase».
Qué bueno Dari, un pedazo de vida y esas palabras que sí tienen sentido "Yo no te soltaré nunca". Hermoso, de nuevo una pintura realizada con palabras. De nuevo me llevaste a pasear.
ResponderBorrarPalabras que siempre son de un amigo!
BorrarEn el relato. Uno llega a un punto donde se vuelve inevitable llorar.
ResponderBorrarGracias! Qué bueno poder expresarse!
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