LA EVOLUCIÓN DE LA CARNE COMO ALIMENTO

LA EVOLUCIÓN DE LA CARNE COMO ALIMENTO

                —Papá… ¿sabías que en un pasado remoto existía el canibalismo? Los hombres se comían a otros hombres… ¡Qué asco!

                —Claro que sí, hijo. Más o menos parecido a comerse animales de otras especies.

                —¡Qué feo debe haber sido vivir en esas épocas! ¿No?

 

                Al general McDracken le costaba irse del trabajo y retornar a casa. La decisión que había tomado le pesaba tremendamente en la conciencia, lo había vuelto algo sombrío.

                —¿Qué hacemos con los prisioneros de guerra, señor?

                —Eliminación total —respondió McDracken sin titubear.

                —Pero… señor… usted sabe… en la firma de la capitulación…

                —¡Sé lo que firmé, coronel! Solo ponga una fecha anterior en los papeles. No alcanza la comida para nuestro pueblo, menos podremos darle de comer a esa cantidad de enemigos. ¡Usted lo sabe!

                La Sexta Guerra Mundial concluyó con gran cantidad de muertos y un planeta al borde de la extinción. El General McDracken retornó a su hogar. Reflexionaba acerca de cuánto le iba a costar la vida familiar luego de dos años en el campo de batalla. Leyó una vez más el cuadro colgado en su oficina: De sus espadas forjarán azadas; y de sus lanzas, podaderas.

                —¡Pfff! ¡Eso habrá sido hace milenios! ¡No todas las frases antiguas encajan en el mundo de hoy! —gritó furioso a la pared. Dio un golpe en la puerta al salir.

 

                —¿Cómo te fue hoy en tus estudios, hijo?

                —¡Bien! Seguimos aprendiendo como evolucionó la alimentación en la historia. Ahora estudiamos la del siglo XXI. ¿Sabías que comían todo tipo de animales? ¡De verdad! ¡Eh! Vacas, gallinas, cerdos, cabras, ovejas, conejos y otros. ¡Todo eso existía en el mundo real!

                Su padre lo miró con un dejo de nostalgia. «Tal vez era un mundo mejor», pensó.

                La conversación se extendió hasta la hora de la cena. El general se sentía orgulloso de los avances en los estudios oficiales y, además, el tema le resultaba sumamente interesante.

                En el siglo XXI, la gran maravilla de la tecnología fue criar miles de millones de animales para alimentar al ser humano. Sin embargo, las emisiones de gases de efecto invernadero, el agua y las tierras contaminadas involucradas en la producción volvieron insostenible el sistema.

                Algunos primates consumían carne desde épocas arcaicas. Los estudios realizados en cráneos de homínidos que fueron encontrados en diferentes partes del planeta concluyeron con exactitud los hábitos en la alimentación. Los más antiguos poseían dientes grandes y planos, adaptados al consumo de hojas, semillas y frutas. Luego fueron mutando hasta volverse dientes largos, filosos y cortantes. Se dedujo con bastante aproximación la fecha en la cual comenzaron a comer animales. El homo sapiens se convirtió en omnívoro, como las cucarachas y las ratas.

                Quizás la historia del hombre esté íntimamente relacionada con el consumo de la carne. Tal vez, aprender a cazar animales hizo que se desarrollara mejor el lenguaje, las herramientas y hasta las estructuras sociales. Se sabe además que, hace miles de años, la domesticación contribuyó al avance del sedentarismo y de nuevas formas de organización.

                «Pero ¿qué hace que la carne sea tan deseable?», se preguntaba el general.

                Su hijo le contaba con detalles todo lo investigado:

                —La carne poseía calorías, proteínas, grasas y vitaminas. La vitamina B12 era característica en ella, y muy difícil de encontrar en el reino vegetal. Pero el sabor de la carne lo daba el hierro hemo y se encontraba únicamente en la sangre y en el músculo animal.

                El general abrió los ojos «¡Eso era!», pensó. Luego agregó:

                —El problema de los hombres del pasado se volvió moral. Querían sentir ese sabor, pero les apenaba matar animales…

                —¡Exacto! —respondió el muchacho, feliz porque su padre conversaba profundamente con él.

                Los humanos siguieron evolucionando y crearon la carne vegetal. Hubo muchas variedades, como el tofu, la soja texturizada y el gluten de trigo. El problema era que no sabía a carne. Costó décadas lograr un verdadero cambio, hasta que pudieron sintetizar carne en los laboratorios.

                Finalmente, crearon carne cultivada. El cultivo celular fue fácil de reproducir y pronto numerosas empresas se dedicaron a lo que sabían hacer: vender. Para lograrlo, se necesitaba utilizar suero fetal bovino. Esto no era más que sangre tomada del corazón de un animal aún no nacido. Por lo tanto, lo mataban de todos modos, solo que antes de nacer.

                El reino animal se fue reduciendo aun sin utilizarlo para comer de forma directa, las guerras entre los humanos lo terminaron de destruir, aniquilando sus hábitats. Ya los hombres no sintieron repulsión por esas cosas como en el pasado. La repulsión es cultural, no es innata.

               

                Pronto se sirvió la cena y la familia se reunió.

                —Hijo, la guerra ha terminado. Estaré más en casa. Mi trabajo se trasladó aquí, a la ciudad —dijo secamente, como era su costumbre—. He traído carne cultivada del Nuevo Estado para que cenemos.

                Apuró a cortar la hamburguesa de carne molecular, hecha en el laboratorio estatal a partir de células madre. No sabía realmente si el sabor de su hamburguesa se parecería al de la carne real que comían sus antepasados. Se lo preguntaba a menudo.

                Luego su esposa trajo como segundo plato unas hamburguesas nuevas, estaban en “modo de prueba” y solo algunas familias de los militares las comerían por un tiempo.

                —¡Jamás comí carne tan rica como ésta, papá! ¿De qué laboratorio es? Seguro que la trajiste de afuera, aquí no hay ninguna tan sabrosa. ¡Ojalá el fin de la guerra nos traiga más cosas así del extranjero! ¿No?

                Los padres se miraron en silencio. Se levantaron de la mesa y comenzaron a recoger la vajilla.

                —¿Y? ¡Papá! No me contaste…

                —Mañana, hijo.

 

                El general McDracken se encontraba leyendo el parte del día en su pantalla antes de dormir. Su esposa subió la escalera, se cambió la ropa, entró a la cama y le dijo:

                —Deberíamos decirle, Naill, sabes que nuestro hijo seguirá preguntando sin parar de dónde salió esa carne. Ya es vox populi que están experimentando con los cuerpos de los prisioneros...

                —Sí, mi amor, mañana me encargaré, hoy no supe cómo.


Comentarios

  1. Da cosa tu relato. No vuelvo a comer carne sintética.

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  2. La repulsión es cultural, no es innata. Frase que dice todo, muy bueno y terrible. ¡¡¡De lo que seremos capaces???? justo para pensar en esta pandemia, cambios y luchas. Muy buena historia

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