Reflexiones... opus 17 Un año más...

Un año más…

                Estoy un poco cansado de los pesimistas compulsivos que brindan y desean un próspero año nuevo, pero no creen en nada de lo que dicen. No mueven un dedo para que ese año que se estrena sea mejor. No somos hermanos por brindar a la misma hora, el mismo día.

                Sin embargo, me gusta el ritual de levantar la copa y chocarla suavemente. Nos miramos a los ojos, nos sale una leve sonrisa y acordamos algo en silencio que nos hace estrictamente humanos.

                Muchos recordamos “las fiestas” como momentos de gran alegría en nuestra infancia. Nuestros padres y abuelos se han encargado de ello. Mantenían viva la tradición de una reunión familiar enorme, de varias generaciones, muchas personas comiendo y trabajando para ello. Aparecían primos lejanos que ni se conocían.

                Luego uno crece y descubre que las fiestas son angustias por seres que no están, por peleas familiares, por decisiones encontradas de dónde pasar la noche y otras necedades (y ni hablar de los que evalúan el nivel de los regalos materiales, que también los hay).

                Comienza un año más y comprendo (¡otra vez!) que no quiero repetir los errores del pasado; no quiero ir por la vida haciendo lo que no elijo y camuflado de felicidad.

                La pregunta «¿qué querés?» debe ser verdadera, profunda, cotidiana; no exclusiva de los primeros días del calendario gregoriano.

                Por eso comienzo una vez más intentando coincidir lo que siento, lo que pienso, lo que hago…

                Elijo proyectar, planificar mi camino, para saber hacia dónde quiero ir y hacerlo.

                Elijo invertir mi mayor tesoro, mi tiempo, en aquellas personas que valen la pena.

                Elijo construir, avanzar, simplificar las cosas, comprimir mis días, disfrutar más, dejar atrás todas esas pequeñeces que nos amargan la jornada.

                Elijo recordar solo las cosas que quiero tener presentes en el momento de la muerte. Porque deseo profundamente que, en ese instante, exploten en mi mente todas esas historias al unísono, me ría en la cara de esa bastarda y le demuestre que yo… ¡de verdad he vivido!

Comentarios

  1. Que buena reflexión muchas gracias por haberla compartido.

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  2. Elijo las cosas simples, elijo seguir disfrutando a mis primos y mis hermanos!

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  3. ¡Qué bien que la pasábamos Dari!!! te acordás. Detalles, juegos, miradas, esperas, emociones. Simplezas que se extrañan.

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