LAS HISTORIAS SUELEN REPETIRSE

      LAS HISTORIAS SUELEN REPETIRSE

                —¿Cómo será mamá? 

                —Ya te he dicho mil veces que mamá no existe.

                —¡Te digo que sí! Nos rodea por completo. Nos alimenta. Nos protege. Nos da parte de su ser. Si prestas atención la escuchas canturrear… y ni hablar de ese ritmo de tambor constante que sentimos cada día.

                —Eso no es mamá. ¿Serás iluso? Si no se ve, no existe. Cuando vuelvan esos movimientos extraños será nuestro fin. Ha sido maravilloso compartir la vida juntos, hermano.

                —Claro que sí. ¡Qué distintos somos! Yo no necesito ver. Con sentirlo me alcanza…

                Entonces comenzaron las contracciones.

                Los hermanos mellizos nacieron una mañana de invierno. Su madre los recibió con lágrimas en la sala de partos. Canturreaba su canción de cuna con los niños recostados en su pecho. El padre, sentado al lado, miraba con emoción a los recién llegados al mundo. Solo pensaba en todo lo que soñaron para ellos…

                              

                Ochenta años después, los hermanos conversaban frente al fuego, como todos los fines de semana. Habían vivido acordes a su época, a lo que se esperaba de ellos; habían prosperado, fueron padres y abuelos.

                —¿Y ahora qué vendrá?

                —Para mí no hay nada. Esta aventura acaba aquí.

                —Creo que siempre fuiste igual; si no lo ves, no lo crees.

                —¿Y de qué otra forma podría ser?

                —Tal vez algo nos rodea por completo. Nos alimenta. Nos protege. Nos da parte de su ser. Quizás no comprendemos las voces, los mensajes, las señales. Quizás, si prestamos atención… A veces he podido sentir algo…

                —Yo solo siento mis huesos y músculos cansados. No hay nada después. ¿Serás iluso? Si no se ve, no existe. Ha sido maravilloso compartir la vida juntos, hermano.

                —Claro que sí. ¡Qué distintos somos! Yo no necesito ver. Con sentirlo me alcanza… y quién te dice…

Comentarios

  1. Hermoso Dari, siempre utilizando hechos cotidianos para lanzar la reflexión. Y sabés que me toca de cerca, por los melli. Ja. Hermoso y lo difícil es interpretar lo que vemos y sentimos, no? gracias por hacernos pensar con las palbras. Deleite y literatura

    ResponderBorrar
  2. Maravilloso. Me recuerda a alguien.
    ¿Quién será?

    ResponderBorrar
  3. Lindo relato, Darío. Saludos desde Cuba, Marian.

    ResponderBorrar

Publicar un comentario