Ella era
la má linda de todas, estaba tan fuerte que explotaba,
sabía de
todo, la guacha.
Se la pasaba
leyendo no sé qué mierda,
pero si a
ella le gustaba…
Ella era
la má sabionda de todas, una iluminada,
meno
cuando se ponía en pedo,
ahí se volvía
tan áspera que costaba seguirle el tranco.
Se bajoneaba
y tiraba todo al carajo,
te contaba
su historia y te dejaba con el culo lleno de preguntas.
Tuvo
kilombo con la yuta, es lo má común,
anduvo en
algunos chanchullos, ¿pero… quién no?
La conocí
de piba,
odiaba a
los viejo, es que los viejo ven al mundo distinto.
Cuando se
enganchó conmigo comíamo con velas
pero
porque se cortaba la luz, yo nunca fui romántico ni nada de eso.
Ella vino
con la cabeza gacha, tenía mala reputación, ¿pero… quién no?
La ayudé
como pude, a disfrutar, a disfrutarno
en
nuestras noches lerdas.
Hicimo la
nuestra, altas noches pasamo,
¡qué
importa que ella sea gringa y yo chato de la zona!
Dolía
verla llorar,
tenía un
miedo brutal a la muerte, ¿pero… quién no?
Yo no
sabía qué decirle.
«Si vó sabé
que yo te quiero», me salía solamente
mientras
nos revolcábamos en el catre
y la veía
subir y bajar, como las olas del lago,
cuando la
luna le gana a la oscuridad.
Y después
del amor compartíamo un pucho,
me contaba
de su pasado, de sus pagos lejanos,
de las
cosas que tuvo que hacer para bancarselá,
y se la
bancó.
Afuera se
llovía todo, afuera y adentro,
porque en
nuestro rancho entraba un poco de agua,
entonce
escuchábamo abrazados
como el
agua limpia nuestras mierdas,
nuestras
bajezas, nuestras culpas,
las
propias y las que nos dejaron.
Ella me
contaba de sus torceduras,
de cuando
andaba en la mala
y tuvo que
hacer lo que tuvo que hacer para salir, pero… ¿quién no?
Se
acercaba a la ventana para ver las montañas más cerquita
que se
mezclaban con las luces del pueblo.
Entonce me
contó de su amor,
de su
corto amor inolvidable
que, como siempre,
tendría que olvidarse alguna vez,
pero no se
puede.
Ese amor
que tuvo y tuvimo todos,
corto como
el verano de enero,
corto como
nos dura el cuerpo joven,
corto como
la belleza pura
que solo
vemo cuando nos queremo,
ese amor viejo
y hondo que llevamo los dó, y no podemo soltar
y nos
sigue rompiendo la cabeza, pero… ¿quién no?

Muy bueno
ResponderBorrarMuchas gracias!
BorrarMe encantó, con ese latiguillo ¿y quién no? que dispara un montón de pensamientos, de ideas. Me encanta tu poesía terrosa, cruel y dura.
ResponderBorrarprobando otras voces...
BorrarMe encanto
ResponderBorrarmuchas gracias!!
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