EL IMPOSTOR
He cometido el peor de los pecados que un hombre puede
cometer, no fui feliz.
Borges
Señores, lo confieso,
soy un impostor.
He sufrido vistiendo
mis disfraces.
Me atormentó noches
eternas
el personaje que yo mismo
inventé.
He sido esclavo de
mis propias falacias,
y mis triunfos —pobres
triunfos pasajeros—
no han sido míos,
si no de ese decorado
que fui.
Señores, lo confieso,
soy un impostor.
He reído junto a
tantos que no sé
quiénes fueron ni quiénes
son.
He compartido mi
tiempo con extraños,
he adulado a
incompetentes sin escrúpulos
para que su alma se
reconforte un poco.
He sostenido —en vano—
mentiras piadosas
creyendo —en vano,
claro— hacer el bien.
Señores, lo confieso,
soy un impostor.
He amado —o casi— solo
con la mente.
Me he adaptado a una
vil sociedad
que nunca elegí ni
nunca acepté.
He trepado
arácnidamente por varios caminos,
aplaudido por muchos
que hoy
no recuerdan para
qué, ni quién soy,
ni hemos sido
compañeros.
Señores, lo confieso,
soy un impostor.
He apoyado
inútilmente tantas causas
que al recordarlas hoy
me avergüenzan.
Me he repetido —una y
otra vez—
incongruencias,
vanidades y miserias,
para seguir adelante por
ese sendero,
aunque sabía —dentro
de mí— que no valía nada,
y así ganaba, claro,
perdiéndome.
Señores, lo confieso,
soy un impostor.
Que la lluvia lave
estas heridas,
que la nieve borre
estas huellas,
que el viento
arrastre estas sensaciones,
que el bosque absorba
tanto dolor,
para poder, mañana,
decir a mis hijos
con ojos brillantes y
sin remordimientos:
«Queridos míos… ¡ya
no soy un impostor!».

excelente. Creo que debemos intentar bajar del escenario antes que se cierra el telón. Muy bueno
ResponderBorrarExacto! la interpretación perfecta!
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