ACTORES DE MI ROSTRO
Cobardes noches donde escondo el llanto
y bebo la antigua llovizna.
Escucho sus brillantes preguntas
y observo el silencio,
el mudo griterío del cerebro
despedazado en miles de estrellas,
en túneles de suspiros
dialogando en el viento.
El puente me mira
lengua sedienta,
quiere devorar mi personaje,
ese bufón vestido con pieles
cada vez más estrechas.
Las líneas de mi libreto se vaciaron de autores
caí del escenario.
Ahora me duele la desnudez
detrás del montaje cotidiano.
Pido las letras de mi papel,
ya no hay nada escrito acá abajo.
Ni siquiera en qué momento aplaudir.
Camino hacia lo más profundo
de los tiempos, de la calle, de mi vida.
Ahí donde la oralidad y los oídos
se llenan de nuevas bocas.
El espectáculo te golpea todo el tiempo
pide que recuperes tu actuación,
subir, brillar de soledad.
Gritos y palabras en un escenario demasiado extenso
transforman
los pliegues del telón de los ojos.
Un monólogo invisible y mudo nos devora y convence.
¿Por qué las sombras de las palabras
no coinciden con su sonoridad?
El show no debe continuar,
por lo menos no con nosotros
aplaudiendo esta tragedia.
Daniel Poggio

Muy bueno.
ResponderBorrarGracias!
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