COMO DE COSTUMBRE

                  COMO DE COSTUMBRE

            Dormía plácidamente una noche fría de invierno… cuando sonó el teléfono. Desperté sobresaltado. Salir de la cama fue un acto heroico. Cualquiera que viva en la Patagonia lo sabe, se requiere de mucha valentía para abandonar ese calor en días tan helados, se necesita coraje hasta para ir al baño.

            Tomé el teléfono y vi la hora: casi las cuatro de la madrugada. Mientras me refregaba los ojos miraba, algo incrédulo, el nombre del que llamaba. Era Patricio. No me preocupé en absoluto, algo me dijo que no era una emergencia. Atendí con un «hola» apenas audible, no era necesario esconder mi voz de dormido.

            Sin preámbulos me dijo con su voz fuerte y ronca: «Boludo, ¿cómo se llama esa canción de Alberto Cortez? La del tipo que todos los días hace la misma rutina». Sé que debería haber puteado, blasfemado o, por lo menos, emitir alguna queja. Solo atiné a largar una carcajada. Del otro lado del teléfono me llegó un exabrupto de risas, como un eco del eco de lo que sentimos, una comunión de sensaciones que solo se entiende si se comparte.

            Creo que no pude hilvanar palabra alguna, entre el sueño y el estupor. Respondí corto, conciso, pero risueño: «Como de costumbre». Era el nombre de aquella canción que mi madre me había pasado hacía varios años, yo había reflexionado mucho sobre ella junto a mi círculo más cercano. «Gracias —me dijo—, es que si no esta noche no me iba a poder dormir». Y cortó.

            Volví a la cama, sabía que ahora iba a ser yo el que no iba a poder conciliar el sueño fácilmente, cuando me despierto en mitad de la noche suelo no volver a dormir. Me recosté boca arriba, coloqué mis dos manos entrelazadas debajo de mi cabeza, abrí bien los codos hasta que sentí que se estiraban un poco los hombros. Bostecé. Volví a sonreír, esta vez muy sereno, agradecido a la vida por conocer gente así. Pensé: «este Pato es uno de los dedos de la mano». Y traté de descansar, cantando para adentro:

«Despertó a las ocho, como de costumbre,

se metió en la ducha, se lavó los dientes,

y en su viejo traje, como de costumbre,

salió de su casa a las ocho y veinte».

                                       (los años no pasan, se acumulan...)

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