Reflexiones... opus 25 La nota que vine a tocar

            Nadie pidió nacer. Sin embargo, aquí estamos, intentando despuntar una verdad a medias.

            Una vez pregunté —en una noche de búsquedas— cómo fue que decidieron traerme a este mundo. Mis padres me contaron que me buscaron durante más de una semana, sin descanso, para estar seguros de mi llegada. Sentir que mi arribo fue deseado hasta el extremo me llenó de alegría. Eso no significa nada importante, en realidad, pero suaviza mis interrogantes. ¡Qué le voy a hacer! Siempre fui un preguntonto.

            Desde ese día, sé que busco la nota que vine a tocar…

            Aún no sé bien si somos el guionista o el actor, a veces hasta pienso que solo somos meros espectadores. Quizás seamos una mezcla de todos ellos. Está claro que un relato tiene una interpretación del escritor y cientos de interpretaciones de sus lectores.

            Vine a buscar sin descanso, a indagar, a investigar y a dejar miles de cosas inconclusas.

            Vine a trabajar duro por aquello que amo.

            Vine a echar raíces donde me quede cómodo, donde me sienta completo, donde la vida me arda por dentro.

            Vine a ser primavera, por eso sé que debo pasar por todo este invierno, con paciencia.

            Vine a deleitar mis profundidades en este sitio, a gozar de los encuentros, a aprender, a enmendar mis errores, a indemnizar a aquellos que lastimé.

            Vine a ser la luz que emana de mis coincidencias.

            Vine a ser poesía, dueña de mis cavilaciones, de mi sed insaciable, de mis toscas palabras que atraviesan el infinito como flechas disparadas a la nada.

            Vine a ser música. Un rato en una canción la vida deja de doler un poco. Se puede descarnar por un momento sin perder la cordura.

            Todavía busco la nota que vine a tocar y, mientras busco, voy probando por todo el encordado.


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