Reflexiones... opus 28 No tenemos tiempo…

            El tiempo corre —lo sabemos todos— y jamás se detiene.  Las horas se suceden sin control y parece que siempre nos faltan. Se nos escurre entre las manos como la arena del reloj.

            Es tan fácil perderse en la vorágine y sentir que no hay tiempo; que no es verdad que lo consumimos, que en realidad nos consume él a nosotros.

            Hablamos de recuperar el tiempo perdido como si de verdad fuera posible. Planeamos hacer cosas para tener más tiempo mañana como si de verdad fuera a suceder.

            No hay modo alguno de controlar el ritmo frenético del mundo; ni siquiera de salirse de él…

 

            Hubo una época en que tuve tiempo, lo recuerdo bien.

            Caminaba varias cuadras en la hora de la siesta para ver si de casualidad ella salía de su casa y nos cruzábamos, aunque fuera solo para saludarnos. Me quedaba largas noches escuchando la radio para grabar aquella canción que esperaba ansioso. Leía libros gruesos y me afligía cuando faltaba poco para que se acabara la historia. Nos sentábamos con los amigos en el cordón de la vereda para vernos, hablar y reírnos, y nada más…

 

            Pero un día crecí y me quedé sin tiempo.

            Escuché decir que es «un recurso limitado», que es valioso, que hay que saber usarlo sabiamente y no malgastarlo, que no hay que utilizarlo en cosas que no valen la pena, que hay que priorizar lo que realmente importa, y muchas palabras más que hoy huelen a putrefacción.

            La verdad absoluta es que el tiempo se me va como un viento fugaz en acciones que a veces no elijo: preocupaciones innecesarias, el maldito afán por lograr mucho más de lo que realmente necesito, la infame comparación con los demás, el miedo a no encajar, la búsqueda de cosas que —en definitiva— sé que no me hacen feliz.

 

            ¿Cuándo fue que nos volvimos enemigos de nosotros mismos?

            ¿Cuándo mercantilizamos nuestro tiempo?

            ¿Cuándo nos volvimos tan arrogantes y tontos por igual?

            Este es —seguramente— el peor fracaso de la humanidad.

            Al fin de cuentas, la vida es tiempo y no tener tiempo es no tener vida.

            Hoy haré lo que mi corazón decida y —quién te dice— quizás solo tenga ganas de perder el tiempo…

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