¿Qué es
la normalidad si no un fantasma evasivo al que todos perseguimos sin saber muy
bien por qué?
De
niños, nos podan los sueños y las fantasías. Nos modelan a imagen y semejanza
de la sociedad. Nos ubican en el molde de una forma u otra. Queremos contentar
a nuestros padres; luego, a nuestros pares; después, al mundo entero.
Cuando
nos damos cuenta de que no encajamos —porque siempre hay algo de nosotros que
no se ajusta— nos ponemos mal y hacemos todo lo posible por cambiarlo. La
mirada del otro nos consume, nos exaspera, nos fiscaliza.
Y
entonces comienza el infierno. Ese infierno de querer corregir lo que no está
mal, de querer ser lo que no somos, de perder nuestra esencia. Aumentan
nuestras dudas, nuestras confusiones, nuestras luchas internas. La mirada del
otro es definitivamente la verdadera condena.
La normalidad
es un espejismo, una trampa en la que caemos casi sin darnos cuenta. ¿No será
que se trata de renunciar a lo que nos hace específicamente humanos? Luego, nos
vanagloriamos, ¿de qué? Ser normal es conformarse, es vivir en la monotonía de
lo previsible.
¿Acaso
no es la diversidad lo que hace que el mundo sea un sitio más interesante y
conmovedor?
Todo es
extraño, todo es sorprendente. La normalidad es solo la ilusión que nos ayuda a
sentirnos más seguros en este universo caótico y desconcertante; es solo el
disfraz que oculta la belleza y la magia de lo diferente. El infierno de la
normalidad es el reino de la monotonía.
Fui un
acérrimo defensor del sistema, del exitismo, del desarrollo. Me he explotado a
mí mismo, y de diversas maneras. Dejaré de transformarme en un tipo normal.
No
quiero perder el ritmo de mis días ni el poder de mis elecciones.
No
quiero navegar sin rumbo.
No
quiero vivir en un tiempo vacío, con hechos agolpados que se mezclan como los
datos de una computadora.
No
quiero morir a destiempo.
Seamos
diferentes, seamos raros, seamos nosotros mismos.

Muy muy bueno querido amigo....!!!
ResponderBorrarMuchas muchas gracias!!
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