Reflexiones... opus 29 El infierno de ser normal

                                                                                         «De cerca, nadie es normal» Caetano Veloso.

                ¿Qué es la normalidad si no un fantasma evasivo al que todos perseguimos sin saber muy bien por qué?

                De niños, nos podan los sueños y las fantasías. Nos modelan a imagen y semejanza de la sociedad. Nos ubican en el molde de una forma u otra. Queremos contentar a nuestros padres; luego, a nuestros pares; después, al mundo entero.

                Cuando nos damos cuenta de que no encajamos —porque siempre hay algo de nosotros que no se ajusta— nos ponemos mal y hacemos todo lo posible por cambiarlo. La mirada del otro nos consume, nos exaspera, nos fiscaliza.

                Y entonces comienza el infierno. Ese infierno de querer corregir lo que no está mal, de querer ser lo que no somos, de perder nuestra esencia. Aumentan nuestras dudas, nuestras confusiones, nuestras luchas internas. La mirada del otro es definitivamente la verdadera condena.

                La normalidad es un espejismo, una trampa en la que caemos casi sin darnos cuenta. ¿No será que se trata de renunciar a lo que nos hace específicamente humanos? Luego, nos vanagloriamos, ¿de qué? Ser normal es conformarse, es vivir en la monotonía de lo previsible.

                ¿Acaso no es la diversidad lo que hace que el mundo sea un sitio más interesante y conmovedor?

                Todo es extraño, todo es sorprendente. La normalidad es solo la ilusión que nos ayuda a sentirnos más seguros en este universo caótico y desconcertante; es solo el disfraz que oculta la belleza y la magia de lo diferente. El infierno de la normalidad es el reino de la monotonía.

                Fui un acérrimo defensor del sistema, del exitismo, del desarrollo. Me he explotado a mí mismo, y de diversas maneras. Dejaré de transformarme en un tipo normal.

                No quiero perder el ritmo de mis días ni el poder de mis elecciones.

                No quiero navegar sin rumbo.

                No quiero vivir en un tiempo vacío, con hechos agolpados que se mezclan como los datos de una computadora.

                No quiero morir a destiempo.

                Seamos diferentes, seamos raros, seamos nosotros mismos.

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