EL COLOR DE MIS MIEDOS
En el vasto oleaje de mis miedos, el
azul se erige como un abismo insondable. Es un matiz que se despliega en el
lienzo de mis pensamientos, tejiendo una sinfonía de inquietudes. Camino por
las sendas del temor, donde las sombras se desvanecen en la penumbra azulada y
los susurros del viento evocan inseguridades.
El lago me rodea y se desdibuja en
tonalidades azules. El sol se oculta tras nubes plomizas y los colores se
sumergen en la profundidad de mis anhelos inalcanzables. La orilla —antes sendero
de posibilidades— se convierte en espejismos azules, donde los miedos se entrelazan
como hilos de niebla.
Mis pasos son un torpe baile sobre
el lienzo azul. La ansiedad me envuelve en un manto de aguas profundas y la
incertidumbre se adhiere a mi piel junto a la bruma del lago. Las montañas se alzan
majestuosas, guardianas en la distancia, espectadoras silenciosas de mis miedos
internos. Sus sombras se alargan, imponentes, como testigos sin opiniones.
Me detengo a mirarme en el espejo de
agua, cauteloso al desafiar mi propio reflejo. Mis ojos dejan ver la
turbulencia de mi alma. Mi rostro lleva las marcas de las batallas perdidas en
el azul de mis miedos. Es un azul petróleo, intenso, oscuro, que se despliega
en cada línea de mi existencia. Puedo ver allí el naufragio de mis viejas ideas
concebidas.
Decido no sucumbir a la inmensidad
del azul. Enfrento mis miedos como un navegante desafía las aguas tormentosas.
Tomo el timón de mi destino y navego hacia nuevos horizontes. Cada vela
desplegada es una pequeña victoria sobre mis vacilaciones, una brizna de
esperanza en medio de la turbulencia.
Poco a poco el azul se transforma.
Las aguas se aquietan y adquieren un matiz azul sereno, rebosante de posibilidades.
Vislumbro una nueva gama de colores índigos. Es el azul de la confianza, el
azul de la superación, el azul que refleja un cielo despejado después de la tempestad.
Camino con paso firme por las
corrientes de la vida, navego entre los miedos azules con valentía y
determinación. Ellos siempre estarán ahí, acechando en las profundidades de mi
ser. No se trata de anularlos o hacerlos desaparecer, se trata de convivir con
ellos, de afrontarlos.
El azul se erige ahora en estandarte
de resiliencia, en el paño donde dibujo el mapa de mi vida.
Todos enfrentamos nuestros temores,
todos nos adentramos en el azul de nuestros miedos y buscamos la calma y la
claridad que yacen más allá.
El viento sopla y arrastra susurros
de indecisiones, otra vez. En cada ráfaga siento la caricia de lo imprevisible,
la promesa de lo desconocido. Y, mientras mis pies se hunden en las arenas del
tiempo, avanzo hacia el horizonte borroso, pintando de azules turquesas, de celestes
azulados, de cielos y lagos, de ganas de vivir.

Hermosa prosa poética, me imaginé en tu lago mirado desde la cabaña. Me llevaste. (Daniel Poggio)
ResponderBorrarExacto!
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