LECTORES SILENCIOSOS
Bajo los pliegues de la noche,
cuando las estrellas derraman su plata sobre el lienzo oscuro, me sumerjo en el
río de mis palabras. Fluyo con ellas, buscando…
Soy nada más que un tejedor de
sueños, un cazador de mundos. Nacen en la tinta y se deslizan sobre papeles
como hojas que flotan en el viento.
Mi pluma es mi brújula y mis
susurros internos son mi guía. Persigo caminos en hojas en blanco, como mapas
sin explorar.
En esa soledad, entre puntos y
comas, siento la presencia fugaz de algo que se escabulle entre mis dedos sobre
el teclado. Una melodía sutil y callada, como un suspiro que no se atreve a
alzarse. Son los lectores silenciosos, habitantes invisibles de la narrativa,
personas ocultas detrás de las páginas que trencé con cuidado y pasión.
Aquellos que nunca cruzarán mi camino, cuyas caras desconozco y cuyas voces
nunca rozarán mis oídos. Sin embargo, sus corazones y sus alas están allí, en
cada línea que trazo.
¿Qué sienten ellos mientras viajan
por embrollos literarios? ¿Se ríen de mis locuras? ¿Sufren cuando el viento del
conflicto los azota? ¿Encuentran refugio en las sombras protectoras de las metáforas?
Son mis compañeros invisibles en
este periplo, testigos mudos de una simple creatividad desbordante. Aquellos
que —quizás— se adentran en algún relato después de apagar la última luz,
cuando el mundo se vuelve un sueño en el que solo caben las historias errantes.
O —tal vez— son como sombras al acecho de las hojas de papel, buscando una
grieta por la cual huir de la realidad, un escape que los lleva hacia un rincón
donde los héroes son más valientes y los amores más profundos.
Los imagino viajeros fugitivos, cómplices
de estos escritos. Tal vez, se zambullan en las palabras mientras realizan sus
quehaceres, en algún momento libre o después de una larga jornada, permitiendo que
las historias los envuelvan como una manta cálida y familiar, atravesando
desiertos de oraciones largas y junglas de metáforas intrincadas.
Quizás, en estos recorridos, se
conviertan en los protagonistas; los amantes, los marginados, los triunfadores
o los desencantados que pueblan nuestras letras. Un eco silencioso de mi propia
voz, que solo ansía obsequiar narraciones, verídicas o ficticias. En
definitiva, no somos más que eso, seres repletos de historias, y a todos nos apasiona
contarlas y escucharlas.
Y aunque su silencio me envuelve
como una neblina, cada palabra que escoge su destino en mi cuaderno deja un
pedazo de mi ser. Entonces, tejo fragmentos de sueños y emociones, esperando
que lleguen a esos rincones ocultos de los lectores silenciosos.
A veces me pregunto si saben cuánto
significan para mí. Cada punto y coma que coloco es un susurro de gratitud
hacia ellos, una conexión que trasciende el tiempo y el espacio. En mi quietud
creativa, bajo el resplandor de la lámpara solitaria que me guía, sé que no
estoy solo. Mis toscas palabras encuentran hogar en sus mentes, en sus
pensamientos más hondos. No hay ninguna necesidad de que lo expresen.
Así continúo escribiendo en la
penumbra, en la trama de los abrazos, en el ruidoso mutismo de mis
profundidades. Dejo que los lectores silenciosos prosigan su viaje, mientras yo
desgrano letras y puntos suspensivos… En la habitación, lleno de libros y
sombras, sigo construyendo puentes entre mundos, sin saber —por lo general— dónde
comienza el papel y dónde termina la imaginación.

Ya no encuentro palabras para expresar lo gran escritor que sos.
ResponderBorrarNunca dejes de deleitarnos con tus escritos.
Infinitas gracias!!
BorrarPrecioso Dari. Algunos piensan que el arte de escribir es solitario pero se equivocan. Estamos llenos de abrazos. Què bueno que las palabras me acerquen a vos a pesar de los kilòmetros de distancias nos abrazamos y charlamos con las letras.
ResponderBorrarEs exactamente así, como lo describís...
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