Reflexiones... opus 36 Lo que nos interpela

Otra noche sin dormir… ¿y cuántas van?

El mate se enfría al lado del teclado mientras escribo, me pregunto y repregunto.

Sé que, en el trasfondo de mi vida, hay un susurro constante que me interpela. Es una llamada sutil que reverbera en cada rincón de mí, me desafía a reflexionar sobre el significado y el propósito de mi paso por este efímero escenario. Sé también que les murmura a otros, quizás a todos.

A menudo, sin poder salir de la vorágine de las ocupaciones diarias, me sumerjo en la rutina y no me cuestiono lo que realmente me impulsa. Me dejo llevar por la corriente de responsabilidades y expectativas externas, olvido que la esencia de la vida no reside en la acumulación de logros tangibles.

                Sé que la vida, tarde o temprano, nos arrincona a todos y nos coloca ante la disyuntiva de enfrentarnos a nuestras verdades internas. Cada elección, cada experiencia, se convierte en un eco de nuestra respuesta a esa llamada que nos interpela.

¿Estamos viviendo de acuerdo a nuestros principios? ¿Estamos viviendo de acuerdo a algo, siquiera? ¿Estamos viviendo, mínimamente? ¿Nos hemos perdido en la complicación y simplicidad simultánea en que nos arroja este devenir cotidiano?

                Lo que nos interpela nos conecta con algo más grande que nosotros mismos. Nos invita a trascender al egocentrismo y a reconocer nuestra interdependencia con el tejido mismo de la existencia.

                La reflexión profunda me lleva a desentrañar las capas de mi conciencia, a confrontar mis contradicciones y a estrechar mi yo imperfecto. En este proceso descubro que la autenticidad no es un objetivo, si no un modo de acercarme a ello. No se trata de acceder a una perfección que ya se sabe inalcanzable, sino de abrazar la vulnerabilidad y el crecimiento constante.

                Así, en la danza perpetua entre la pregunta y la respuesta, entre la búsqueda y el descubrimiento, comprendo que la vida no es solo una invitación a ser humanos y, menos que menos, puede tratarse únicamente de existir.

En última instancia, lo que nos interpela a cada uno es la llamada a ser fieles a nosotros mismos, a abarcar la maravilla de nuestro ser y a contribuir, en la medida de nuestras posibilidades, a la creación de un mundo más sensible y significativo.

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