ME GUSTARÍA PARA MIS PADRES

ME GUSTARÍA PARA MIS PADRES

Me gustaría que mis padres tengan un hijo más convencional. Un hijo que no sea tan contestador, intolerante, atropellado; de esos que no desafían, no protestan ni se apresuran. Un hijo que no corra, que se ajuste más a sus horas lerdas, que los entienda en los asuntos de la vejez, y no uno que consume toda su energía en construir su vida.

Me gustaría obsequiarles a mis padres un hijo más consecuente, menos peleador, más risueño en la casa. Un vástago que jamás los contradiga, que respete las tradiciones familiares, que nunca les diga: «es mi vida» o «no se metan en mis cosas». Un hijo que dé menos trabajo, que sea menos batallador.

Me gustaría encontrar para mis padres un hijo con menos errores, más paciente, más respetuoso. Un hijo al que no tengan que corregir constantemente ni aconsejar a diario. Un joven con menos transformaciones, menos ciclotímico, menos altivo; que brille menos y, por ende, proyecte menos sombras.

Me gustaría que mis padres cuenten con un hijo más acorde a sus expectativas, que sea menos aventurero, que les cause menos preocupaciones, que camine por las mismas sendas, que evite siempre los mismos obstáculos, que nos los haga vivir con el corazón en la boca.

Me gustaría que mis padres tengan un hijo aferrado a ellos, sólido como un roble, que no revuelva las aguas, que no patee los tableros, que no desconcierte a la familia, que no deje todo y se vaya lejos de casa a empezar de nuevo.

            Me gustaría para mis padres un hijo sin cambios, sin fricciones, sin cargas pesadas sobre sus hombros. Un retoño perfecto, un hijo perpetuo…

            Pero ya saben, fui todo lo contrario y sé que están orgullosos de ello.

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