Reflexiones... opus 37 Nada está perdido

 

«Nada está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y hay que empezar de nuevo». Julio Cortázar

            El reloj marca el último minuto del último día del año. Esos segundos que separan lo que fue de lo que será. Y mientras el tiempo se desvanece como susurros en el viento, me encuentro mirando el reflejo del año que termina en la superficie tranquila de mi copa de vino.

            En este rincón del mundo —apenas una fracción de bosque cercana a una ciudad pequeña— las luces parpadean con un ritmo melancólico, como si cada destello guardara el secreto de un recuerdo. Los sonidos de la noche se entrelazan en una armonía improvisada: risas, pasos apresurados, choques de vajilla. Y, entre ellos, un murmullo que habla de esperanzas renovadas y deseos inciertos.

            El tiempo, esa misteriosa dimensión que nos atrapa en su tejido, nos lleva de la mano por caminos insospechados. Nos regala momentos efímeros que se disipan en el olvido, pero también nos brinda lecciones que se graban en lo más hondo del ser. Y es que cada año que termina es un capítulo más en el libro de nuestra existencia, con páginas llenas de alegrías, desafíos, amores y despedidas.

            En un santiamén, con el aroma de fin de año impregnado en el aire, siento que cada adiós es también una apertura, un paño en blanco esperando ser pintado con los colores de nuestros sueños y aspiraciones.

            Así que levanto mi copa, brindo por todo lo vivido y lo que tengo aún pendiente. Por los amigos que están aquí, por los que se fueron y por los que vendrán. Por las risas compartidas y las lágrimas derramadas. Por los momentos de felicidad y las lecciones aprendidas.

Porque, al final del día, lo único que realmente me importa es el afecto con el que vivimos, la pasión con la que soñamos y el coraje con el que enfrentamos cada nuevo amanecer.

Cuando el reloj marque el inicio exacto de un nuevo año, en el instante en que las copas se choquen, no pediré ningún deseo, solo prometeré abrazar cada instante con la intensidad y gratitud que le corresponde.

Feliz año nuevo, en este constante juego de comienzos y despedidas.

 


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