«Nada
está perdido si se tiene por fin el valor de proclamar que todo está perdido y
hay que empezar de nuevo». Julio Cortázar
El reloj marca el último minuto del último
día del año. Esos segundos que separan lo que fue de lo que será. Y mientras el
tiempo se desvanece como susurros en el viento, me encuentro mirando el reflejo
del año que termina en la superficie tranquila de mi copa de vino.
En este rincón del mundo —apenas una
fracción de bosque cercana a una ciudad pequeña— las luces parpadean con un
ritmo melancólico, como si cada destello guardara el secreto de un recuerdo.
Los sonidos de la noche se entrelazan en una armonía improvisada: risas, pasos
apresurados, choques de vajilla. Y, entre ellos, un murmullo que habla de
esperanzas renovadas y deseos inciertos.
El tiempo, esa misteriosa dimensión
que nos atrapa en su tejido, nos lleva de la mano por caminos insospechados.
Nos regala momentos efímeros que se disipan en el olvido, pero también nos
brinda lecciones que se graban en lo más hondo del ser. Y es que cada año que
termina es un capítulo más en el libro de nuestra existencia, con páginas
llenas de alegrías, desafíos, amores y despedidas.
En un santiamén, con el aroma de fin
de año impregnado en el aire, siento que cada adiós es también una apertura, un
paño en blanco esperando ser pintado con los colores de nuestros sueños y
aspiraciones.
Así que levanto mi copa, brindo por
todo lo vivido y lo que tengo aún pendiente. Por los amigos que están aquí, por
los que se fueron y por los que vendrán. Por las risas compartidas y las
lágrimas derramadas. Por los momentos de felicidad y las lecciones aprendidas.
Porque,
al final del día, lo único que realmente me importa es el afecto con el que
vivimos, la pasión con la que soñamos y el coraje con el que enfrentamos cada
nuevo amanecer.
Cuando
el reloj marque el inicio exacto de un nuevo año, en el instante en que las copas
se choquen, no pediré ningún deseo, solo prometeré abrazar cada instante con la
intensidad y gratitud que le corresponde.
Feliz
año nuevo, en este constante juego de comienzos y despedidas.

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