Este baile
perpetuo entre la libertad y el miedo,
este eco atronador
de nuestra propia naturaleza,
esta
libertad que nos llama con su canto persuasivo,
este miedo
que teje una jaula a nuestro alrededor.
—¿Acaso el
miedo a la libertad es tan humano como incomprensible?—.
Esta carga
abrumadora,
este
vértigo de elegir,
este peso
de la responsabilidad,
esta
incertidumbre del camino por delante.
Ansiando
escapar de nuestras cadenas,
nos aferramos
a la seguridad de los hábitos y de la rutina,
reacios a
enfrentar lo inexplorado.
La jaula
nos aprisiona,
limita
nuestras acciones y distorsiona toda percepción.
Nos
sumimos en la complacencia de lo conocido,
temerosos
de aventurarnos más allá de los confines de nuestra zona de confort.
Nos
conformamos con una existencia corriente,
resignados
a vivir nuestra vida en la monotonía de lo predecible.
Sin
embargo, entre toda esta oscuridad, vislumbramos destellos de luz:
la belleza
en el caos,
el
descubrimiento de nuevas facetas en nosotros mismos,
el
crecimiento a través de la adversidad…
La
libertad no reside en la ausencia de obstáculos,
si no en
la capacidad de superarlos.
Cada paso
que damos nos acerca un poquito más a esa libertad,
a abrir
las puertas y lanzarnos
—con
determinación y temor, pero también con entrega y esperanza—
a lo que sea que encontremos fuera de la jaula.

Me encantó. Ese temor y deseo a la vez de estar fuera de la jaula. Te estoy viendo más cercano a la poesía ultimamente. Una alegría que la decores con tus palabrad.
ResponderBorrarExactamente todo eso
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