ÚLTIMO DÍA DEL AÑO
Anochece en la ciudad. Una brisa
fresca acaricia mi piel, murmura secretos que solo el cansancio conoce. La luna
baña los picos nevados con luz plateada, se extiende como una suave manta sobre
la cama. Destellos de nieve transitan la calle principal.
Cruzo la avenida, apresurado, atravieso
el suave bullicio urbano; una bocina estridente me desencaja del instante. El
aroma a lavanda recién cortada se mezcla con la atmósfera nocturna, me crea una
sensación embriagadora. Es una noche maravillosa. Desearía que no fuera el
último día del calendario.
La plaza del centro
está adornada con luces parpadeantes. Veo vecinos reunidos, ríen y comparten
historias. Tengo esa maldita sensación agridulce de cada fin de año. Si tan
solo fuera real…
—¡Feliz año nuevo! —me
grita el kiosquero cuando me acerco. Nuestros encuentros cotidianos quedarán en
la nada, ¡hemos entablado tantas conversaciones! Podría sentirme su amigo si no
fuera porque sé que no es así.
Voy a casa. Llego al
edificio y subo al segundo piso. Me espera mi hermoso departamento, también
colorido y adornado para la ocasión. Enciendo la lámpara y me quito el abrigo.
Una imagen enmarcada sobre la repisa del comedor llama mi atención. Es una
fotografía de un paisaje montañoso, cubierto de nieve, idéntico al que veo cada
mañana al despertar.
Me siento en el sofá,
tomo la foto y me quedo mirándola sin saber qué sentir. ¡La paz que transmite
contrasta tanto con la verdad que conozco!
Mientras me sumerjo en mis pensamientos, una voz suave resuena en mi mente. Me quedaría en este sitio para siempre, adoro esta aldea de montaña. Me aferro a la fotografía casi con desesperación. Percibir es maravilloso, sentir es sublime; pero debo aceptarlo, hace cientos de años que somos cerebros en una pecera, conectados a una Inteligencia Artificial, en un mundo desierto.
Nos informan que el tiempo se
acabó. Es la hora del reseteo anual. «Preparando el reinicio. Gracias por participar en el
programa de preservación de la conciencia humana. Desconexión temporal en
progreso».
Las luces de mi casa se atenúan gradualmente. Siento el vértigo de la oscuridad. Cierro los ojos mientras la sensación de realidad se desvanece. Sé que en algún momento el mundo volverá a materializarse a mi alrededor, vaya a saber qué sitio elegirá el algoritmo esta vez. Continuaremos viviendo en nuestras mentes compartidas, atrapadas en una ilusión de existencia a la que llamamos vida.

Siempre la poesía y el sentimiento acompañando la historia. Escribir para decir que existimos. Imaginación y poesía. Buenísimo
ResponderBorrar¡Siempre!
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