MIS LECTURAS

          MIS LECTURAS

Leí, desde los rincones más insondables de mi niñez,

mi tiempo se diluyó entre miles de páginas

para mantener encendida la hoguera de la imaginación.

He vivido tantas vidas en infinidad de universos,

acaso estaba destinado a algunas de ellas,

he sentido cómo me reclamaban en la noche…

Viajé transformando mi sillón en transatlántico —¡gracias, Oliverio!—

con las palabras, desde las palabras, hacia las palabras,

así y todo, no hay verbos ni adjetivos que alcancen a describirlo.

 

Leo, las páginas son reflejos distorsionados de mi alma,

mapas de deseos, miedos y sueños no confesados.

Me reinvento en cada verso, en cada línea respiro,

descubro en el margen las anotaciones de mi vida,

letras que son rumores de quiénes fui y quién seré.

Sigo leyendo,

la constante de toda mi existencia

es tropezar conmigo una y otra vez.

Sé que mi cabeza controla más de lo que debiera,

sé que mi cuerpo paga las consecuencias,

sé que me disuelvo por completo en las sutilezas del ser.

Trato de evitar que sea mi dolor lo que me defina,

prefiero que lo hagan mis lecturas,

no aspiro a ser ilustrado, solo a estar colmado de ilustraciones.

 

Y seguiré leyendo,

recorriendo los confines de la palabra escrita,

para habitar mi verdad,

para ser lo que quiero ser y no lo que desean que sea,

para ir y volver del yo al otro, del otro a mí,

para borrar esos vestigios de nosotros mismos que dejamos atrás.

Y así, en la íntima guarida de mis lecturas,

leo y releo todo mi ser, sin descanso,

hasta que las palabras se conviertan en mi hogar eterno.

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