Ellos
deambulan por la vida sabiendo qué decir; en cambio yo, aún no lo tengo muy
claro.
Ellos encontraron
su estilo, su modo, su forma de expresarse. Yo lo sigo buscando.
Cuando
llegan a mis manos sus libros, sobre todo esos que cuentan historias, los leo
detenidamente, los devoro con pasión y me quedo rumiando. Ellos saben qué hacer
para ser leídos. Yo, en cambio, nunca he descubierto ese secreto. Escribo para
mí, para sentirme bien, para calmar ese ardor que recorre mis venas y no me
deja respirar.
Hay
veces que tengo la suerte de conocer a uno de ellos, lo analizo, lo investigo;
pero no logro parecerme ni en lo más mínimo.
Ellos
vagan seguros de sí mismos, yo dudo de todo, de absolutamente todo.
Ellos
saben con certeza si lo que han escrito es bueno o malo. Yo ni
siquiera puedo darme cuenta de esa diferencia, aunque lo intento, a veces,
desesperadamente.
Usan
técnicas variadas, se destacan en alguna en particular. Yo trato de
aprenderlas, pero mi necedad es poderosa.
Ellos escurren
las palabras con facilidad, las ordenan, las amasan, las moldean. De esa forma
crean mundos o embellecen el que conocemos. Yo las persigo, gasto mis horas en
vano corriendo tras ellas y se me resbalan, se me caen, toscas e inútiles, casi
inservibles.
Lucho
cada día con los conceptos que quiero expresar y también con el modo de
hacerlo. Ellos ya se han amigado con las ideas, las nociones, los
pensamientos. Los acomodan con facilidad y les dan el orden correcto.
Busco a
mis personajes con empeño, los acoso, los acorralo y los traigo a mis escritos
a la fuerza. Les doy la vida que puedo, tal vez no la que merecen. Ellos, en
cambio, los seducen, los enamoran y los invitan a compartir sus historias.
Ellos
saben acomodar los puntos, las comas, los signos de exclamación… Yo me pierdo
sin pausas, leyendo en voz alta sin encontrar dónde colocarlas con exactitud.
Ellos
navegan por mares infinitos, transmitiendo sensaciones, sentimientos,
emociones. Yo sigo todavía construyendo mi navío sin saber cuándo embarcar ni a
dónde dirigirlo. Todos sabemos que ningún viento es favorable si no tenemos
claro a dónde ir.
Yo
busco las musas inspiradoras y se me escabullen. Ellos las conocen, comparten
sus vidas. Las llaman y les responden en un abrir y cerrar de ojos.
Yo
trato de encontrar un camino que me lleve a la escritura, a plasmar lo que arde
y estalla dentro. Ellos ya han abierto miles de senderos, los han construido,
los han cambiado, los han desarmado y vuelto a armar.
Ellos
vuelan entre renglones, toman impulso en cualquier detalle. Yo me cuelgo de las
letras, las arrastro, las limito, a veces, hasta las arruino.
Yo
trato de expandir mi imaginación, de encontrar nuevos caminos. Ellos ya
abrieron miles de puertas, extendieron fronteras, anunciaron cambios, construyeron
puentes, crearon mundos enteros. Ellos lo han hecho casi todo; o todo, quizás.
Ellos han mejorado nuestro mundo.
Nada me
piden, todo les debo.

Loco me robas los pensamientos y los endulzas a tu estilo. Escribís lo que pienso pero lo justo y perfecto. Aunque estemos en la lejanía conversamos de alguna manera. Gracias primo porque tus palabras borran kilómetros
ResponderBorrarSiempre estuvimos más cerca que lejos!
BorrarMe van a hacer llorar!!!
ResponderBorrarUh no es la idea. Siempre reírnos!
BorrarGratificante!
ResponderBorrarMuchísimas gracias!!!
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