Reflexiones... opus 13 Los escritores

                Ellos deambulan por la vida sabiendo qué decir; en cambio yo, aún no lo tengo muy claro.

                Ellos encontraron su estilo, su modo, su forma de expresarse. Yo lo sigo buscando.

                Cuando llegan a mis manos sus libros, sobre todo esos que cuentan historias, los leo detenidamente, los devoro con pasión y me quedo rumiando. Ellos saben qué hacer para ser leídos. Yo, en cambio, nunca he descubierto ese secreto. Escribo para mí, para sentirme bien, para calmar ese ardor que recorre mis venas y no me deja respirar.

                Hay veces que tengo la suerte de conocer a uno de ellos, lo analizo, lo investigo; pero no logro parecerme ni en lo más mínimo.

                Ellos vagan seguros de sí mismos, yo dudo de todo, de absolutamente todo.

                Ellos saben con certeza si lo que han escrito es bueno o malo. Yo ni siquiera puedo darme cuenta de esa diferencia, aunque lo intento, a veces, desesperadamente.

                Usan técnicas variadas, se destacan en alguna en particular. Yo trato de aprenderlas, pero mi necedad es poderosa.

                Ellos escurren las palabras con facilidad, las ordenan, las amasan, las moldean. De esa forma crean mundos o embellecen el que conocemos. Yo las persigo, gasto mis horas en vano corriendo tras ellas y se me resbalan, se me caen, toscas e inútiles, casi inservibles.

                Lucho cada día con los conceptos que quiero expresar y también con el modo de hacerlo. Ellos ya se han amigado con las ideas, las nociones, los pensamientos. Los acomodan con facilidad y les dan el orden correcto.

                Busco a mis personajes con empeño, los acoso, los acorralo y los traigo a mis escritos a la fuerza. Les doy la vida que puedo, tal vez no la que merecen. Ellos, en cambio, los seducen, los enamoran y los invitan a compartir sus historias.

                Ellos saben acomodar los puntos, las comas, los signos de exclamación… Yo me pierdo sin pausas, leyendo en voz alta sin encontrar dónde colocarlas con exactitud.

                Ellos navegan por mares infinitos, transmitiendo sensaciones, sentimientos, emociones. Yo sigo todavía construyendo mi navío sin saber cuándo embarcar ni a dónde dirigirlo. Todos sabemos que ningún viento es favorable si no tenemos claro a dónde ir.

                Yo busco las musas inspiradoras y se me escabullen. Ellos las conocen, comparten sus vidas. Las llaman y les responden en un abrir y cerrar de ojos.

                Yo trato de encontrar un camino que me lleve a la escritura, a plasmar lo que arde y estalla dentro. Ellos ya han abierto miles de senderos, los han construido, los han cambiado, los han desarmado y vuelto a armar.

                Ellos vuelan entre renglones, toman impulso en cualquier detalle. Yo me cuelgo de las letras, las arrastro, las limito, a veces, hasta las arruino.

                Yo trato de expandir mi imaginación, de encontrar nuevos caminos. Ellos ya abrieron miles de puertas, extendieron fronteras, anunciaron cambios, construyeron puentes, crearon mundos enteros. Ellos lo han hecho casi todo; o todo, quizás. Ellos han mejorado nuestro mundo.           

                Nada me piden, todo les debo.

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