DESPUÉS DEL CREPÚSCULO

         DESPUÉS DEL CREPÚSCULO

 

Me moriré en el sur, en la montaña,

me iré ebrio de atardeceres.

Dejaré inconclusos todos los proyectos,

pero no moriré de amor.

Quedará mi huella un corto tiempo entre los míos,

y la clara evocación de que fui feliz.

Luego 

rumbearé hacia el olvido,

sé que, al final,

el secreto no está en unirse a algo,

si no en convertirse en ello.

Me llevaré un torrente de sensaciones

que a lo largo del camino

desbocaron mi corazón:

la compañía silenciosa de papá,

las manos arrugadas de la abuela,

la mirada penetrante de mamá,

el sublime romance de un amor verdadero,

imposible de explicar,

y esos tres forajidos que uno llama hijos.

Los ocasos que he bebido, implacables,

el silencio de la nevada,

el canto agudo del chimango,

el aroma de las retamas en primavera,

la luz entrecortada del bosque,

las excusas que inventé para seguir,

los amigos en los dedos de una mano,

las montañas que escalé,

los miedos que tuve que enfrentar,

los dolores que compartí,

las melodías que sostuvieron mi escasa cordura,

y todas las palabras que jamás pude ordenar

en un intento de poema.

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