EL PAYASO DEL ESPEJO
¡¿No
ves que sos un payaso?! Detrás de esa piel blanca, pálida, con falta de sol, y
esos ojos verdes, profundos y líquidos, descubro tu verdadero rostro: la nariz
roja, los ojos pintados de blanco y negro en cruz, y esa sonrisa gigante… maquillada
de rojo hasta el extremo. No me engaña tu careta de hombre maduro, serio,
ilustrado, y que ya peina canas.
Siempre
fuiste un payaso. Jamás dejaste de actuar, día tras día. Te burlaste de lo
cotidiano. Te disfrazaste de persona, de amante, de profesor, de padre, de
escritor, pero siempre estuviste ahí, haciendo tus piruetas ante la vida. Quemaste
la juventud en un fuego demasiado intenso, y se te pasó el tiempo volando. ¿Qué?
¿Qué te creíste el mejor? Si ya sabias que nadie es mejor que nadie, en nada. ¡Ah!
¿que también te sentiste el peor? Si también sabias que nadie es peor que
nadie, en nada. ¿Quién te empujó a esos extremos? Caíste en la trampa que caen
todos. ¿Te creíste lo que te enseñaron? ¡Vamos! A mí no me puedes mentir, te
veo tan claro en el espejo. Sacate esa careta de señor y dejame ver al payaso.
Tus
manos enguantadas esconden cicatrices de años de mucho trabajo, de esfuerzos certeros
y vanos, de llevar al límite las necesidades. Adivino en tu expresión esos
dolores incipientes del cuerpo, los mismos sinsabores de los que te mofabas
cuando le tomabas el pelo a los que eran más viejos que vos.
¿Y
ahora, qué? ¿Seguís buscando? Eso sí lo confirmo. Siempre buscaste. Siempre. Uh,
¿eso es una lágrima? No vas a llorar ahora. Los payasos hacen reír. Esa es su
misión. No es una lágrima, es el vapor del agua que humedece el aire y empaña
el espejo. ¿Cómo puede estar tan frío este cristal con el baño tan caliente?
¡Ah, no! ¡Es verdad! ¡Es una lágrima! No sé si lo entiendo bien, los payasos
hacen reír, pero… ¿sufren por dentro? ¿No hay recetas para ustedes?
No
olvides que estoy persuadido de que la pregunta diaria que debemos hacernos es
«¿qué querés?», es lo único que cuenta. Claro que mi opinión poco te interesa,
solo soy una de tus máscaras.
Hace
tiempo que esos surcos al costado de los ojos reemplazaron la piel tersa, la
sonrisa espontánea, los excesos del que se cree inmortal. ¿Será que ya te
sientes grande? ¿Será que —a veces— uno quiere sacarse el antifaz? ¿Quién te
dijo que la vida empieza a los cuarenta? Tal vez sea cierto y comienza el
segundo tiempo. Sí, eso lo sabés bien, ya gastaste años a raudales, ya sabés que
se te fue la primera parte en boberías. Hay que comprimir el tiempo más que
nunca, no te queda otra opción. Ahora tenés muy presente que el telón se baja
en cualquier momento, nadie tiene que venir a decírtelo. Ya sabés que la vida
es hoy, no hace falta leerlo en esas frases tontas y armadas como clichés.
Hiciste
demasiado tarde las paces con tus conflictos. Pusiste el alma en garantía para
gastar la vida en exceso; hoy comprobás que la vida siempre viene a cobrar lo
que le corresponde, siempre. Dejá de esconderte detrás del maquillaje. Empezá a
disfrutar a pleno de una vez por todas. Tal vez puedas reírte de tu propio
show.
Quizás,
después de ducharte —como hoy— puedas mirarte desnudo en el espejo, sacarte ese
disfraz de hombre y verte realmente como sos. Y, quién te dice, esforzándote un
poco más, puedas ver debajo de ese payaso a un ser humano como yo, con todos
sus dones y miserias, confesando en una tarde de otoño, que pasó un ratito por
esta vida y la vivió.

Pensamiento eterno que me digo al quedarme en silencio "Sos un payaso". Qué buen texto para pensar en quién es uno, el payaso que vive o el oscuro que escribe? otra vez desgarrando mi mente Dari, buenísimo.
ResponderBorraren serio pensas eso? woww que casualidad
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