A veces quiero
decir todo de una sola vez. Sé que es imposible.
Las
palabras se mezclan, se marean, se pelean entre ellas.
En algunas
ocasiones digo cosas que no debo; y en otras, ni siquiera sé lo que estoy
afirmando.
No
obstante, lo que tengo claro es lo que no digo…
Cuando el
lenguaje no alcanza es el cuerpo el que se expresa:
lo dicen
mis manos, mis ojos, mis gestos.
¡Cuántas
veces no he podido callar lo que no deseo transmitir!
Sin
embargo, lo que tengo claro es lo que no digo…
No digo
cómo solucionar tu vida si no sé cómo hacerlo con la mía.
No digo
que no lloremos, este es un mundo complicado y solo nos quiere ver sonreír,
cada
lágrima tiene que estar justificada.
No digo
más «de esta agua nunca he de beber».
No hablo
de muchas cosas, porque tantas veces digo callando, y callando hago.
Lo que
tengo claro es lo que no digo, y eso hoy alcanza y sobra.
En fin,
tardé dos años en aprender a hablar y muchos más de cuarenta en aprender a
callar.

A veces los pasillos de las letras son mucho más profundos que las palabras. Esos silencios repletos de murmullos de gestos
ResponderBorrarcreo que sí, son más largos y laberínticos
BorrarQuiero aprender a callar
ResponderBorrarJaja. Lleva demasiados años eso
Borrar