Solo los niños saben dónde se encuentran los caminos invisibles.
Parecería
que los chicos jamás escuchan a sus mayores. Se aburren, detestan nuestros
consejos, nuestras explicaciones, las frases que repetimos a diario. Sin
embargo, no vacilan en imitarnos.
En
ocasiones, me sorprendo a mí mismo realizando lo que tanto odiaba en mis padres
y pronunciando también sus frases gastadas. Me río de ello; luego, me invade un
cóctel de asombro e incomodidad mientras me pregunto si realmente lo creo. ¿Solo
repito o lo he interiorizado?
Las
nuevas generaciones cambiaron el modo de conectarnos entre nosotros y con el
mundo. Han reescrito las reglas establecidas. Eso es maravilloso. Han desencadenado
una auténtica revolución de las relaciones. Ellos son navegantes intrépidos en
un mar de posibilidades, y nosotros un simple faro que alerta sobre posibles
peligros —en numerosas ocasiones, ni siquiera sabemos si hay riesgo—.
Solo
los niños saben dónde se cruzan los caminos invisibles.
No es
fácil despojarse de lo que nos han inculcado ni sacudirse las ideas arraigadas
en lo profundo. El verdadero logro radica en cuestionarlas.
Anhelo
para ellos lo más sencillo y esencial de la vida: que elijan su propio camino y
lo sigan. Libres para pensar, porque de lo contrario solo hacemos lo que otros
dicen. Libres para sentir, pues no hay modo de controlar esa jauría de
emociones, pero es posible conocerlas e identificarlas. Libres para ser, porque,
al fin y al cabo, es todo lo que importa.
Solo
los niños saben dónde se separan los caminos invisibles.
La
mirada siempre adelante, lo sueños como guías, la ternura a flor de piel. Saber
que —los que ya pasamos por esos aprietos— podemos ayudar a desatar algunos
pequeños nudos, nada más.
Abandonar
la rigidez de lo conocido y sumergirnos en la incertidumbre fértil de lo que
está por descubrirse. Desafiar la lógica aprendida. Escuchar las voces
silenciadas por la prisa y la indiferencia.
El
abrazo cálido, la mirada cómplice, la charla constante.
La
belleza en los detalles pequeños, el susurro de los secretos íntimos, el
encanto de las tramas enigmáticas.
La
magia de los encuentros fortuitos, los destinos unidos, las historias
inimaginables.
Solo
los niños saben hacia dónde nos conducirán los caminos invisibles.

Día a día crezco cada vez que Leo tus relatos amigo mío.
ResponderBorrarqué lindo eso!
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