BARILOCHE
Otro
atardecer en Bariloche.
Las
estrellas, esquivas y misteriosas, flotan en el lago. El cielo se desdibuja
entre el vaivén del oleaje. Las gaviotas no revelan el secreto: volar o nadar.
La
nieve se congela y se derrite al compás de los latidos del arroyo.
El
bosque, en su letargo habitual, parece fluctuar entre la vigilia y el sueño.
Aún no sé si el tiempo se detuvo en este rincón del mundo o gira más vertiginoso
de lo habitual.
Contemplo
la imagen invertida de mi ciudad, o acaso el reflejo soy yo; testigo silencioso
de un ritual cósmico.
He
subido a la montaña tan profundo que puedo ver el paisaje desde lo más alto de
mi ser.
Es
fácil perderse en sus misterios y fusionarse en cada crepúsculo, encontrar y
percibir la magia de lo imposible. El destino no es más que aquel rincón íntimo
donde me encaminé. No existe mejor sitio para ser feliz que el que uno elige.

Sos crack!! Te quiero amigo!
ResponderBorrarNo se quien es anónimo, pero si dice amigo lo creeré, ja
BorrarHermoso Dari. Qué ganas de estar alllí y ser parte de ese crepúsculo. Estás pintando con tus palabras
ResponderBorrarNo podría tratarse de otra cosa, jamás
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