¡Cuántos años despilfarrados en
búsquedas sin sentido! ¡Cuánto tiempo desaprovechado en creer en las
explicaciones de la diosa razón! Siempre que obtuve una respuesta se convirtió inevitablemente
en una nueva pregunta; hoy, cada vez que hago la cuenta me da distinto...
Siempre anhelé desentrañar al enigma
del absurdo, comprender el propósito de esta vida, intuir por qué estamos aquí.
Llegué a la conclusión —más tarde que temprano— de que el tiempo se desvanece
en la eternidad de los instantes, en un mundo demasiado grande como para
entenderlo. No obstante, aprendí a danzar con el sinsentido, como un personaje
efímero en un escenario sin telón, abrazando la paradoja que teje los hilos
invisibles de mi existencia.
Aceptar el absurdo se volvió un
acto de humildad ante la grandiosa comedia cósmica que nos rodea. Y en medio de
este laberinto de extravagancias, encontré en la pasión mi brújula, como la llama
que podría iluminar un camino en la negrura. Viví con pasión, de eso no tengo
dudas, abracé cada momento con fervor, encontré belleza en la vacilación, pude
transformar —en escasos relámpagos— lo efímero en eternidad.
Me obligo a recordar que, aunque
navegue sin rumbo aparente, cada latido es en sí mismo una travesía, una
exploración de lo humano, de lo divino, de lo imperecedero.
Sé —como todos saben en lo más
íntimo— que estoy en un viaje sin sentido, que no me dirijo a ningún lado y que,
en realidad, ese «ningún lado» es el destino mismo. Es el reconocimiento de que
el camino es la meta. Y así, mientras me sumerjo en las corrientes del tiempo,
descubro también que no alcanzamos nada tangible, sino algo más profundo y
esencial: la experiencia, el aprendizaje, la conexión con otros seres transitorios
que comparten este breve instante de existencia.
Porque, al final, se trata de
asumir que solo estamos un rato, un destello fugaz en la inmensidad del Universo;
pero en ese breve lapso, tenemos la oportunidad de escribir nuestra historia, de dejar una huella en el tejido del infinito, de encontrar significado en medio
de la aparente insignificancia.
Y así, en esta danza del ser y el
no ser, sigo buscando la belleza en la paradoja, la pasión en el absurdo, la
plenitud en el efímero instante de la vida.

"Belleza en la paradoja, pasión por lo abserdo" definición dificil de aceptar la vida. Eso es tu hermosa poesía, decir tanto en pocas palabras. Genial y siempre profu do
ResponderBorrarSe trata, solo se trata...
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